
Es un desafío poco común, sobre todo a principios de noviembre: recorrer casi 500 millas náuticas completando el circuito completo de Córcega, con salida desde Antibes, en tan solo cuatro días. Sin embargo, este es precisamente el logro alcanzado por una tripulación de cinco navegantes, que realizaron esta travesía como entrenamiento de cara a una futura travesía del Atlántico prevista para el próximo año.
El 1 de noviembre a las 18:00, el velero zarpa desde Antibes con un mar ya agitado. El viento es sostenido, pero es sobre todo el estado del mar lo que impone un primer ritmo exigente. Rápidamente, la tripulación opta por rodear Córcega por el este, una decisión dictada por las condiciones meteorológicas. Las primeras 24 horas transcurren en un mar formado, con turnos estrictos y vigilancia constante. Velas reducidas, ajustes frecuentes y avance prudente: la navegación busca ser eficaz pero técnica.
Una vez superado el Cabo de Córcega, la tripulación pone rumbo al norte de Cerdeña. El velero se adentra entonces en el archipiélago de La Maddalena, una zona protegida conocida por sus paisajes graníticos y sus aguas cristalinas, incluso en otoño. Esta pausa ofrece un contraste sorprendente tras las primeras horas de navegación deportiva. El paso de los Fornelli, al noroeste de Asinara, constituye después un momento destacado de la ruta: un canal estrecho y preciso de maniobrar, raramente transitado fuera de temporada.
El regreso se realiza por la fachada occidental de Córcega. Las condiciones se suavizan considerablemente: la tormenta ha pasado y el mar se estabiliza. El velero avanza entonces a vela, complementado puntualmente por el motor cuando el viento disminuye. Los relieves corsos desfilan, bañados por una luz otoñal que acompaña el ascenso hacia el continente.
La tripulación finalmente alcanza Saint-Jean-Cap-Ferrat el 4 de noviembre, al final del día, completando así un circuito de casi 500 millas. Más allá del rendimiento deportivo, esta navegación exprés permitió al equipo validar sus procedimientos, su organización en el mar y su capacidad para encadenar varios días de navegación continua — todos parámetros esenciales de cara a una travesía atlántica.
En un contexto fuera de temporada, marcado por un clima cambiante y zonas de navegación poco frecuentadas, esta expedición sirvió como prueba a gran escala. Confirma la capacidad del grupo para gestionar condiciones variadas y mantener un ritmo constante, objetivos clave antes de la gran partida prevista para el próximo año.

